Gran mano a mano en Avila en el que sale triunfador El Juli.

Ávila era una Fiesta. Una ciudad viva movida al son del toreo. De la Fiesta. Había mucho más que seis toros y dos toreros en la corrida de hoy. Se batían en duelo dos máxima figuras del toreo. Los dos figurones máximos del cambio de siglo. De finales del XX y de principios del XXI. Mucha tela que cortar. Un duelo con todas las de la ley. De caballeros. Pero duelo.

A la Fiesta no quiso unirse la corridita de Zalduendo. Todo fue mérito de los toreros. Un encierro bajo de raza, casta y emoción, que tuvo su punto álgido en dos toros nobles –cuarto y sexto- lidiados magistralmente por El Juli. Los lució y entendió a la perfección Julián. Fueron toros afortunados en el sorteo.

El duelo entre José Tomás y Juli se decantó claramente a favor de Julián. No porque saliese a hombros, no porque cortase más número de orejas, sino porque de sus manos brotaron los mejores muletazos de la tarde. Largos, hondos, profundos, encajada la figura, arrastrando la muleta a más no poder, abriendo el compás. Pocas veces se habrá visto a Juli tan roto, tan profundo, tan torero.

Los dos toreros acudieron a la cita motivados como nunca. José Tomás se echó el capote a la espalda en el primero, y en la tercera gaonera se lo echó a los lomos. Influyó el viento y que el de Galapagar pisó terreno comprometido y no rectificó. Y con la cara ensangrentada y un ligero puntazo en el muslo, volvió a la cara, como si nada, y remató el quite. Tarjeta de presentación de uno que no venía a pasar la tarde.

Durante la faena de muleta molestó mucho el viento. No dejó a José Tomás manejar a gusto los vuelos de la muleta, lo que unido a cierta brusquedad del toro, al que le faltaba un último tranco y protestaba, hicieron que la faena no tuviese continuidad. Pero sí rotundidad. Toda en varios muletazos, fundamentalmente una serie de naturales a cámara lenta, echando la muleta, dejándose venir al toro y, justo en el embroque, echando el freno y templando como pocos. Eso es el toreo. Eso es templar. Eso puso la plaza en pie.

Hubo más cosas en esa faena, la actuación en la que más pudo gustarse José Tomás. El toro no tenía continuidad y no permitió al madrileño ligar los muletazos. Lo intentó, en otra serie al natural y en las que llegaron a pies juntos, con el torero quieto, sin rectificar un palmo. Ligó dos muletazos que pusieron la plaza en pie. El cierre por bajo fue de categoría, como también fue el inicio de la misma forma. Pero pinchó y el triunfo quedó en una ovación fortísima.

El resto de su lote apenas tuvo opción. El tercero fue toro que intentó rajarse desde el principio. José Tomás lo sujetó en los medios. Había iniciado la faena con estatuarios y como una estatua, sin forzar, desarrolló la faena. Muy por encima de las nulas condiciones del manso. Con mucho temple, ligó una serie de naturales en un palmo de terreno. Dejando la muleta puesta y tirando del toro. Al final, con el Zalduendo rajado, la faena fue de valor. Puro y duro. Exposición, entrega y tesón. Así consiguió exprimir más del límite al toro. La estocada, sin puntilla, valió la oreja. Pidieron las dos.

El quinto rompió la tarde. El presidente, duda uno si aficionado, devolvió al toro con mejor son de la corrida por doblar las manos. No dejó ver si el toro respondía o se derrengaba, y entre cabestros y demás pasó media hora. Lo peor es que el sobrero fue infumable. Lo peor. Chico y malo. Flojo y descastado. Un mulón. José Tomás lo intentó por activa, pasiva y perifrástica. Era imposible. Muy por encima, dando el pecho y valiente, no había donde rascar.

Así las cosas, El Juli se alzó como máximo protagonista de la tarde. Gran actuación de Julián, que también salió a por todas y motivado. Así se sostienen los mano a mano. Al segundo lo lanceó despacio y quitó por tafalleras, dejándoselo llegar. Pero llegó el repertorio con la muleta. El toro, flojo y bajo de raza, quedó imantado por la muleta de Julián. Se la echaba, la llevaba con mimo, se la volvía a dejar en el morro y volvían a repetirse los muletazos. Hubo una serie, en redondo, con mano baja, que fue sólo el preludio de lo que llegaría después.

La gran faena llegó con el cuarto. El mejor toro. Pero también manseó en los primeros tercios. Sin embargo Juli puso la cabeza a funcionar, se lo sacó a los medios y allí lo sujetó. Con temple y técnica. La faena fue creciendo a pasos agigantados. De forma inmensa. Juli encajó los riñones, se espatarró y bajó la mano a más no poder. Media muleta arrastrando por el suelo. No se puede torear más bajo. Y más ligado. Y más profundo. Hubo series de cinco y seis muletazos ligados. Después llegaron cuatro a cámara lenta, tres larguísimos, dos pases de pecho ligados y un final por bajo de cartel. Profundidad, rotundidad y maestría. Gran faena de Julián, que sin embargo terminó pinchando y fallando con el descabello.

El sexto fue otro toro bueno. Mejor pareció en manos de Juli, que lo templó en los medios. Se gustó al natural el madrileño, que fue a más, sobre todo al natural, a cámara lenta. Tirando siempre de la embestida, los muletazos ligados fueron fluyendo despacito, despacito. Con el toro a menos, la faena fue a más y Julián ligó muletazos con remates, pases de pecho entre sí, dos circulares ligados como un único muletazo. Gran tarde de Juli. Pelea ganada. Victoria de la Fiesta y de lo que suponía la corrida de hoy.